La visión del Tarot

El Tarot

El Tarot, como cualquier mancia, requiere visión y dedicación. Las distintas cartas nos muestran la verdad si nos hacemos con ellas, si profundizamos a través de ellas.

El viaje introspectivo necesario dura años, sino décadas. A veces el viaje es de toda una vida. Algunas personas nacen como otras, con cualidades o dones que hacen que el viaje sea más corto, sin embargo, para todos es impuesto la notable dedicación y la entrega que nos dice que la experiencia se antepone al talento necesario, haciendo de este un mero objeto con el que solo se juega sino se estudia, sino se extiende en el tiempo.

Desde la antigüedad, pasando por todos los medios disponibles para el ser humano, con los que ha crecido, entendiéndolos y utilizándolos como puentes entre aquello que se ve y lo que a penas se siente. Bolas de cristal, naipes, tarot, runas, astros, entrañas o la pura observación han sido y son el instrumento captador de tarotistas, adivinos, brujas, videntes o como quiera se pueda nombrar a cada uno de estos individuos cuya percepción rebasa lo normal, lo racional y lo perceptible en definitiva.

Sea como fuese, la realidad es la que es y la adivinación es casi inmemorial. La necesidad de respuestas es tangible desde el uso de la razón y ha perseguido al ser humano incluso cuando este no ha cesado en sus cambios, por lo que se puede presuponer que seguirá ahí hasta su final, donde quiera que se extinga este.

Así, siendo como es, que todo nace de la necesidad de saber, buscamos en la inmensidad la realidad que no entendemos. Desde Hermes Trismegisto a Carl Gustav Jung, una verdad termina y otra comienza en una eterna recapitulación de conocimiento y entrega que permite seguir los hilos, cuando menos complejos. Leyes y arquetipos se unen a la propia experiencia del ser experimentado para anudar lo perdido y entremezclado, con el fin de ver más allá de la última realidad.

Hora es y tiempo es ya de que las cartas se vuelvan a juntar…

La música es el lenguaje del Alma